La finalidad de la Due Diligence

La decisión de una empresa de someter a su compañía a un proceso de Due Diligence puede deberse a diversos y variados fines. La realización de una auditoría legal otorga ventajas no solo a la propia entidad, sino también de cara a los stakeholders, ya que la Due Diligence resulta fundamental para cualquier inversión a gran escala, así como en cualquier proceso de reestructuración de la empresa, fusión o adquisición. En las siguientes líneas analizaremos las distintas finalidades por las que se realiza esta diligencia debida.

  • A nivel interno:

El sometimiento de la empresa a una Due Diligence no tiene por qué deberse siempre a la necesidad de realizarlo por el interés de un tercer inversor o comprador en la compañía. Desde la dirección de la propia entidad se puede determinar la conveniencia de analizar de manera pormenorizada los puntos fuertes y débiles de la misma.

Ello permite conocer en profundidad la propia empresa, ya que a través de la Due Diligence se obtiene una visión mucho más amplia, lo que ayuda a identificar las áreas de mejora y destacar su ventaja competitiva, implicando una mayor predicción sobre la evolución de la compañía y una mejor toma de decisiones.

Igualmente, a través de esta auditoría se comprueba la existencia o no de posibles vicios o defectos legales, lo cual permite subsanarlos de forma rápida ante la posibilidad de surgir en el futuro cualquier tipo de responsabilidad.

  • A nivel externo:

La Due Diligence aumenta el valor de la compañía, pues permite cuantificar de forma objetiva el valor del éxito actual. Con ello, el tercer inversor o comprador podrá hacer una mejor previsión sobre las oportunidades de negocio que le reportará la adquisición de la misma.

La objetivación de la empresa disminuye los riesgos a la hora de realizar una fusión o adquisición, ya que permite conocer los factores asociados a la misma. Ello aumenta la confianza del tercer inversor o comprador, ya que, aunque no pueda eliminar la incertidumbre, le permite tomar una decisión meditada y no precipitada en el tiempo, conociendo de forma previa el entramado de la empresa.

Así, al disminuir la percepción subjetiva del tercer inversor o comprador, éste podrá determinar la conveniencia o no de invertir o comprar una empresa basándose en datos concretos.

En definitiva, el sometimiento a una Due Diligence permite tanto a la propia compañía como a terceros adquirentes tomar decisiones de forma informada y objetiva.

El método a aplicar en toda Due Diligence

A la hora de realizar cualquier Due Diligence resulta fundamental tener una clara y definida metodología de trabajo mediante la que se garantice una revisión completa de la empresa de la forma más diligente posible. El encargado de la auditoría tratará de tener en cuenta todos los aspectos de la sociedad mercantil, analizando cualquier factor que pueda influir en ella.

El método habitual que se emplea en la elaboración de una Due Diligence es el siguiente:

  1. Cronograma y método de trabajo

El primer paso a seguir consiste en informar a la empresa sobre las distintas fases de las que constará el proceso, definiendo las funciones a realizar y estableciendo unos plazos de entrega. Asimismo, se designarán los locutores de cada una de las partes para el intercambio de información.

  1. Recopilación de información

Una vez definido el método a seguir, comienza el intercambio de la información. Se solicitará a la empresa una lista de documentos que reflejen la situación de la compañía. En este sentido, es muy recomendable contar con una checklist en la que ir reflejando los documentos intercambiados.

En ocasiones resulta complicada esta tarea al encontrarse las empresas con cierto escepticismo a proporcionar determinado tipo de información. Es por ello que, en el momento en que una compañía decida someterse a un procedimiento de diligencia debida, sea consciente de que deberá facilitar al personal encargado de la auditoría material sensible.

Una de las formas de salvaguardar la confidencialidad de la información de la empresa es a través de lo que se conoce como data room. Se trata de un lugar designado por la compañía en el que se pondrá a disposición al equipo encargado de realizar la Due Diligence toda la información, en el que únicamente pueden acceder personas autorizadas, durante un determinado periodo de tiempo y sin la posibilidad de obtener copias de los documentos.

  1. Intercambio de información con los responsables de área

Además de la información contenida en los soportes físicos de la empresa, para completar la Due Diligence será necesario mantener entrevistas personales con los responsables de cada uno de los Departamentos. Al conocer al detalle la empresa en la que se encuentran se podrá ampliar la información, dando lugar a una mayor precisión de la Due Diligence.

  1. Análisis y estudio de la documentación

Se trata del momento más importante, en el que se analiza en profundidad toda la información facilitada por la empresa, obteniendo así las principales conclusiones y dando lugar con ello a la Due Diligence.

Contabilidad de las subvenciones de capital concedidas por la Administración

Las subvenciones de capital son aquellas concedidas para el establecimiento de una estructura fija en la empresa. Estas subvenciones cuando no son reintegrables, es decir, no existe la obligación de devolución o cuya concesión no está sujeta al cumplimiento de una serie de condiciones, ayudan a financiar activos fijos de la empresa como equipos para procesos de información, elementos de transporte, construcciones o incluso, para invertir en empleo estable.

Con arreglo a la Norma de Valoración 18ª del Plan General de contabilidad de las PYME, para la valoración de las subvenciones no reintegrables de carácter monetario, se tomará de referencia el valor razonable del importe concedido en el momento del reconocimiento de la subvención. En el supuesto en el cual, la subvención fuese en especie, se atenderá en la valoración al valor razonable del bien recibido en el momento del reconocimiento de la misma.

En consecuencia, aquellas subvenciones no reintegrables, se contabilizarán con carácter general, como un ingreso imputado al patrimonio neto y se reconocerán en la cuenta de pérdidas y ganancias como ingresos de forma correlativa con los gastos derivados de la subvención. A estos efectos de imputación en la cuenta de pérdidas y ganancias, es preciso distinguir entre:

  1. a) Cuando se concedan para asegurar una rentabilidad mínima o compensar los déficits de explotación: se imputarán como ingresos del ejercicio en el que se concedan, salvo si se destinan a financiar déficit de explotación de ejercicios futuros, en cuyo caso se imputarán en dichos ejercicios.
  2. b) Cuando se concedan para financiar gastos específicos: se imputarán como ingresos en el mismo ejercicio en el que se devenguen los gastos que estén financiando.
  3. c) Cuando se concedan para adquirir activos o cancelar pasivos, se pueden distinguir los siguientes casos:

– Activos del inmovilizado intangible, material e inversiones inmobiliarias: se imputarán como ingresos del ejercicio en proporción a la dotación a la amortización efectuada en ese periodo para los citados elementos o, en su caso, cuando se produzca su enajenación, corrección valorativa por deterioro o baja en balance.

– Existencias que no se obtengan como consecuencia de un rappel comercial: se imputarán como ingresos del ejercicio en que se produzca su enajenación, corrección valorativa por deterioro o baja en balance.

– Activos financieros: se imputarán como ingresos del ejercicio en el que se produzca su enajenación, corrección valorativa por deterioro o baja en balance.

– Cancelación de deudas: se imputarán como ingresos del ejercicio en que se produzca dicha cancelación, salvo cuando se otorguen en relación con una financiación específica, en cuyo caso la imputación se realizará en función del elemento financiado.

Cómo contabilizar una subvención

Contabilizar una subvención consiste en, conforme a las normas de valoración internacionales (las NIIFS), realizar ciertos apuntes de manera que se refleje la imagen fiel de la empresa conforme a su estructura financiera, económica y patrimonial. Es decir, se basa en apuntar cada fase de la misma, la cual va de la concesión al pago. De esta manera, quedará reflejado en las cuentas anuales de la empresa todos aquellos aspectos afectados por ésta – especialmente los resultados y el patrimonio neto-. El primero de ellos, porque tiene que ver con el pago de impuestos, el segundo, porque es la información principal de los inversores.

Como norma general, las empresas pueden percibir una subvención para la financiación de la compra de un inmovilizado o bien para momentos de liquidez de manera puntual o alguna fase de su ciclo habitual de explotación. Ambas se contabilizan de distinta manera.

Cabe recalcar que, la subvención se contabiliza cuando se concede, con independencia del momento en el que se efectúe el pago. Es decir, el planteamiento funciona de la misma forma que una venta o compra, que con posterioridad son pagadas o cobradas y deben ser contabilizadas en ambos momentos, el del ingreso y el del cobro.

En nuestro país, el gobierno concede multitud de subvenciones a distintas empresas cada año. Entre las mismas, hay una al emprendimiento que es a fondo perdido, no obstante, debe cumplir con algunas limitaciones. Para ello, hay que estar un mínimo de plazo de dos años cotizando como autónomo y debe invertirse al menos 3.000 en activos fijos. Nos encontramos, realmente, ante una subvención de explotación, ya que es una ayuda para emprender.

Lo que necesitas saber sobre la Auditoría Operativa

La auditoría no es más que un examen o juicio crítico y sistemático realizado por un grupo de profesionales independientes del sistema auditado, a efectos de generar una opinión y generar valor a efectos del correcto funcionamiento de las empresas.

La parte más importante dentro del marco de la auditoría operativa es conocer los objetivos marcados por la dirección de la entidad para su sometimiento a examen su operativa donde se detectarán o preverán los puntos débiles que afectan a los objetivos de la empresa.

En muchas ocasiones, no se tiene un punto de vista crítico desde las fuentes internas de la organización, por lo que se hace imprescindible la intervención de la figura del auditor interno para poder mitigar los puntos débiles de la empresa, configurándose el control interno como uno de los puntos esenciales para la mejora continua de la organización en términos de efectividad y utilidad.

Una vez identificadas las deficiencias que pueden surgir del control interno, origina la necesidad de hacer hincapié en posibles reajustes de la actividad dentro de la planificación, control y contabilidad.

¿Cómo te puede ayudar un auditor?

  • Reformular los objetivos y estrategias de la actividad empresarial, sobre los tiempos de logro y sobre cómo van a determinarse los resultados.
  • Examen a detalle de las transacciones, a efecto de valorar calidad, periodo correcto y costo.
  • Los auditores ofrecerán recomendaciones, siempre y cuando se encuentren convencidos de todo lo que se requiere tras su examen.
  • Informe de resultados al órgano directivo
  • Evaluación de eficiencia y eficacia de las operaciones de la organización.

Por todo lo anterior, es importante que si tras detectar cualquier problema en el funcionamiento de la organización y hacer cambios drásticos, se recomienda previamente pasar por este tipo de auditoría para buscar siempre la mejor forma de mitigar problemas en detrimento de las soluciones más eficientes para la empresa.

La Auditoría Operativa en las Entidades Hoteleras como elemento de valor para la mejora de la gestión y los resultados

Sin duda, la pandemia originada por el Covid-19 ha azotado fuerte sobre la economía dentro del sector hotelero, lo que origina que ante la disminución de los ingresos y los malos resultados del ejercicio haga necesario evaluar la situación para poder reorientar objetivos y estrategias tendentes a reconducir el horizonte del negocio.

Por ello, la auditoría operativa que realizan profesionales conocedores del sector turismo y de forma totalmente independiente, se configura como una herramienta que puede aportar valor tendente a la mejora de la gestión y en consecuencia de los resultados económicos de la actividad.

Cabe señalar que la auditoria operativa es capaz de evaluar de forma objetiva e independiente el grado de eficiencia que se logra por los procesos de gestión, así como la aplicación de los recursos técnicos y humanos en las actividades de la entidad hotelera tendente a cumplir con los objetivos marcados por la dirección u órgano de gestión.

La auditoría operativa es una apuesta como medio para generar valor a los objetivos que se establecen por parte de los órganos directivos de la entidad hotelera, pues contar con un aliado que adecúe dichos objetivos para que respondan positivamente en términos de eficiencia a efectos de consecución de logros, metas y resultados.

Dicho aliado no es más que la figura de un auditor que pueda realizar conclusiones y propuestas de mejora que redundarán en el fortalecimiento de la actividad hotelera, así como el equilibrio de ingresos, calidad y oferta para los clientes.

En conclusión, la auditoría operativa se configura en las entidades hoteleras como un elemento imprescindible para poder generar valor añadido en el órgano directivo para poder facilitarle un análisis amplio de la situación de su negocio y poder ofrecer propuestas de mejora tendente a cumplir con los objetivos marcados.

Nueva Reforma del Plan General de Contabilidad. Principales Cambios a nivel contable

El 30 de enero de 2021 se ha publicado el nuevo Real Decreto 1/2021, de 12 de enero, que introduces cambios en las siguientes normativas de Contabilidad:

  • Real Decreto 1514/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el Plan General de Contabilidad,
  • Real Decreto 1515/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el Plan General de Contabilidad de Pequeñas y Medianas Empresas
  • Real Decreto 1159/2010, de 17 de septiembre, por el que se aprueban las Normas para la Formulación de Cuentas Anuales Consolidadas y se modifica el Plan General de Contabilidad aprobado por Real Decreto 1514/2007, de 16 de noviembre y el Plan General de Contabilidad de Pequeñas y Medianas Empresas aprobado por Real Decreto 1515/2007, de 16 de noviembre
  • Real Decreto 1491/2011, de 24 de octubre, por el que se aprueban las normas de adaptación del Plan General de Contabilidad a las entidades sin fines lucrativos.

La aplicación de esta “reforma contable” va a afectar a los ejercicios iniciados a partir de 1 de enero de 2021 y tiene como finalidad lograr la homogeneización de la normativa contable en España con las normas internacionales a fin de facilitar la comparación de la información financiera entre empresas, a partir de la aplicación de los mismos criterios y principios contables.

Además, permite incorporar las novedades de las siguientes normas internacionales:

  • NIIF-UE 9: gestión de instrumentos financieros
  • NIIF-UE 15: reconocimiento de ingresos por entrega de bienes y prestación de servicios

Esta estrategia de convergencia del Derecho contable español con las normas internacionales de contabilidad adoptadas por la Unión Europea (NIIF-UE), ya se inició con la Ley 16/2007, de 4 de julio, de reforma y adaptación de la legislación mercantil en materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la Unión Europea.

Tal como se define el nuevo Real Decreto 1/2021 en su apartado de Disposiciones Generales, la finalidad del cambio legislativo de 2007 fue que las sociedades integrantes de los grupos cotizados, obligados a seguir en sus cuentas consolidadas las citadas NIIF-UE pudieran formular las cuentas anuales individuales con un marco de información financiera adaptado a los principios y criterios contables internacionales, y al mismo tiempo lograr que todas las empresas españolas, tuvieran o no sus valores admitidos a cotización, transitasen hacia la aplicación de una normativa contable inspirada en los principios y criterios aprobados por la Unión Europea para los grupos cotizados.

En definitiva, el objetivo que se pretende es continuar con la estrategia de lograr la adecuada homogeneización de la normativa contable española con las normas internacionales, haciendo más comparable la información financiera e incorporar las mejoras introducidas tanto por la NIIF-UE 15 para contabilizar los ingresos por la entrega de bienes y la prestación de servicios, como por la NIIF-UE 9 para mejorar la imagen fiel sobre la gestión de los instrumentos financieros.

Principales cambios en el Plan General de Contabilidad, Real Decreto 1514/2007

Estas modificaciones se recogen en el artículo primero del Real Decreto 1/2021, con el objetivo de introducir los cambios necesarios para adaptar la norma de registro y valoración 9.ª «Instrumentos financieros» y la norma de registro y valoración 14.ª «Ingresos por ventas y prestación de servicios» a la NIIF-UE 9 y a la NIIF-UE 15, respectivamente.

Estas modificaciones afectan a las cinco partes del Plan General Contable, y se resumen en:

A.- Se modifica la definición de valor razonable.

B.- Se simplifica la clasificación de activos financieros.

C.- Valor razonable de las existencias

D- Se clarifican los criterios para determinar el reconocimiento de ingresos

A.- Modificación de la definición de valor razonable

El valor razonable es una metodología de valoración que determina el valor de los activos o pasivos según el valor que tienen en el mercado. La dificultad de estimar el valor razonable, tiene un alto grado de subjetividad, cuando los mercados de referencia son ineficientes, existe especulación o las empresas no pueden obtener información fiable.

Con la nueva definición de valor razonable, si bien no puede eliminar las dificultades mencionadas anteriormente, sí que define determinados aspectos que ayudarán a aclarar dudas de aplicación de esta metodología.

  • En primer lugar, introduce en la definición el concepto de “fecha de valoración”, y establece que el valor razonable se estima para una determinada fecha y, puesto que las condiciones de mercado pueden variar con el tiempo, ese valor puede ser inadecuado para otra fecha.
  • Además, para determinar el valor razonable, se debe tener en cuenta determinadas condiciones específicas del activo o pasivo como el estado de conservación, la ubicación, las restricciones, si las hubiere, sobre la venta o el uso del activo.
  • Se asumen 3 hipótesis en la transacción para vender el activo o transferir el pasivo: independencia mutual, mercado con el mayor volumen y nivel de actividad, o ausencia de un mercado principal, el que maximiza el importe que se recibiría por la venta del activo o minimiza la cantidad que se pagaría por la transferencia del pasivo, después de tener en cuenta los costes de transacción y los gastos de transporte.
  • Se especifica que los costes de transporte no forman parte de los costes de transacción.
  • Las técnicas de valoración utilizadas deben ser consistentes con las metodologías aceptadas y utilizadas por el mercado para la fijación de precios
  • Se una jerarquía de valor razonable que permite clasificar las estimaciones en tres niveles.

B.- Simplificación de la clasificación y valoración de activos financieros.

Hasta ahora la clasificación de los activos financieros en la norma 9ª de Registro y Valoración eran las siguientes:

  1. Préstamos y partidas a cobrar.
  2. Inversiones mantenidas hasta el vencimiento.
  3. Activos financieros mantenidos para negociar.
  4. Otros activos financieros a valor razonable con cambios en la cuenta de pérdidas y ganancias.
  5. Inversiones en el patrimonio de empresas del grupo, multigrupo y asociadas.
  6. Activos financieros disponibles para la venta.

Con el RD 01/2021, se deberán agrupar en nuevas categorías:

  1. Activos financieros a valor razonable con cambios en la cuenta de pérdidas y ganancias.
  2. Activos financieros a coste amortizado.
  3. Activos financieros a valor razonable con cambios en el patrimonio neto.
  4. Activos financieros a coste.

Como consecuencia de estos cambios:

  • Se modifica el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias, el estado de cambios en el patrimonio neto y la memoria en lo relacionado con la clasificación y valoración de los activos financieros.
  • Se producen cambios en el cuadro de cuentas, así como las definiciones de los subgrupos afectados

En relación con los instrumentos financieros híbridos, se elimina el requerimiento de identificar y separar los derivados implícitos en un contrato principal que sea un activo financiero.

A partir de ahora se valorarán a coste amortizado si sus características económicas son las de un préstamo ordinario o común, o a valor razonable en caso contrario, salvo que dicho valor no pueda estimarse de manera fiable, en cuyo caso se incluirán en la cartera valorada al coste.

En el Anexo I, se incluye un cuadro resumen con las nuevas categorías de valoración de los activos financieros.

C.- Valor razonable de las Existencias.

Asimismo, en línea con la NIC-UE 2 Existencias, se introduce el criterio del valor razonable menos los costes de venta en la norma de registro y valoración 10ª. «Existencias», como excepción a la regla general de valoración, para los intermediarios que comercializan materias primas cotizadas.

A estos efectos se entenderá que se comercializan materias primas cotizadas cuando estos activos se adquieren con el propósito de venderlos en un futuro próximo y generar ganancias por la intermediación o por las fluctuaciones de precio, es decir, cuando se tienen existencias de «commodities» destinadas a una actividad de «trading».

D- Se clarifican los criterios para determinar el reconocimiento de ingresos

La decisión adoptada en este punto ha sido asumir la metodología elaborada a nivel internacional e introducirla en la norma de registro y valoración 14ª. «Ingresos por ventas y prestación de servicios» del Plan General de Contabilidad.

La modificación consiste en incorporar en el Plan General de Contabilidad el principio básico consistente en reconocer los ingresos cuando se produzca la transferencia del control de los bienes o servicios comprometidos con el cliente y por el importe que se espera recibir de este último, a partir de un proceso secuencial de etapas, para su posterior desarrollo en una resolución del ICAC.

No obstante, se ha optado por introducir en el Plan General de Contabilidad la totalidad de los requerimientos sobre información a incluir en la memoria, que a diferencia de los criterios de registro y valoración sí que constituye un cambio relevante en materia de reconocimiento de ingresos en comparación con la información que se venía solicitando hasta la fecha.

Cambios en el Plan General de Contabilidad de Pequeñas y Medianas Empresas

La decisión adoptada ha sido no modificar los criterios de reconocimiento y valoración en materia de instrumentos financieros y reconocimiento de ingresos del Plan General de Contabilidad de Pequeñas y Medianas Empresas y mantener así la política de simplificar las obligaciones contables de las empresas de menor tamaño

Lo que sí introduce es una mejora técnica relacionada con la regulación sobre el valor razonable, el criterio para contabilizar la aplicación del resultado en el socio, con el adecuado criterio de presentación de las emisiones de capital y la norma de elaboración de la memoria.

Cambios en Normas para la Formulación de Cuentas Anuales Consolidadas y las normas de adaptación del Plan General de Contabilidad a las entidades sin fines lucrativos

Las modificaciones van en línea con las modificaciones incluidas en las cuentas individuales; básicamente, para revisar los modelos de cuentas anuales en lo relativo a instrumentos financieros y reconocimiento de ingresos.

ANEXO I – CATEGORÍAS DE ACTIVOS FINANCIEROS

El reto de auditar las cuentas anuales de 2020

Acabamos de dejar atrás el año 2020, marcado por la pandemia de la Covid – 19, que más allá de la crisis sanitaria ha supuesto el inicio de otra crisis financiera y económica, con consecuencias devastadoras para el tejido empresarial y productivo de nuestro país. Iniciamos el 2021 con nuevas esperanzas puestas en las vacunas anunciadas, pero la recuperación económica no se espera a corto plazo.

Bajo este contexto económico, los auditores tendremos que analizar y dar una opinión sobre la integridad y fiabilidad de la información financiera del cierre del ejercicio 2020 de nuestros clientes; y tendremos que prestar atención a los nuevos riesgos que nos vamos a encontrar respecto a otros ejercicios, puesto que la pandemia, en mayor o menor medida, habrá tenido impacto en cuestiones como la liquidez, financiación, operativa y organización de las entidades.

La auditoría de las cuentas anuales del ejercicio 2020 supondrá un reto en sí mismo para el auditor, fundamentalmente por tres aspectos que tendremos que tener muy presentes: el principio de empresa en funcionamiento, impactos en la contabilidad y la evaluación del control interno.

Uno de los principios básicos del Plan General Contable (PGC) es el principio de empresa en funcionamiento. Este principio se basa en que la gestión de la empresa continuará a lo largo de un periodo de tiempo indefinido, o más o menos largo, con un mínimo de 12 meses, lo que se conoce también como  negocio en marcha (“going concern”).

El cese temporal de la actividad de muchas empresas y la paralización de muchos negocios, en un escenario caracterizado por importante sequía de liquidez, obliga tanto a la dirección de las compañías como a los propios auditores a valorar la continuidad de capacidad de gestión de las mismas. Cuántas empresas van a ser capaces de sobrevivir y asegurar su viabilidad en el largo plazo, dependerá del sector al que pertenezcan y de su solidez financiera previa a la pandemia.

Aunque se puede considerar que la crisis sanitaria comenzó en nuestro país el primer trimestre de 2020, las cuentas anuales de 2019 ya se han visto afectadas en este sentido y muchas han tenido que incluir una estimación de los efectos que la pandemia ha podido provocar en la información financiera y la actividad de la empresa, en cumplimiento de lo dispuesto en la Norma de Registro y Valoración 23 del PGC sobre hechos posteriores al cierre. Casi un año después, la pandemia e incertidumbre siguen siendo una constante, por lo que para la formulación de cuentas anuales de 2020, seguirá estando muy presente la valoración del principio de empresa en funcionamiento.

El segundo aspecto que tendremos que tener muy presente en la auditoría del ejercicio 2020 es el impacto, también generalizado para muchas empresas, en relación a efectos puramente contables como la valoración de existencias, provisión de insolvencias, subvenciones recibidas, nuevas condiciones de financiación o renegociaciones de contratos de alquiler, entre otros.

La impactante imagen de negocios con sus puertas cerradas debido a la suspensión de toda actividad comercial durante varias semanas, excepto para las denominadas actividades esenciales, nos lleva a la conclusión de que la rotación de las existencias de los almacenes ha sido mínima y muy lenta en estas empresas. Ante esta circunstancia, muchos productos tendrán que ser deteriorados, tal como se define en la norma de valoración 10 de existencias del PGC, “cuando el valor neto realizable de las existencias sea inferior a su precio de adquisición o a su coste de producción, se efectuarán las oportunas correcciones valorativas reconociéndolas como un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias”. Además, las existencias que por su naturaleza sean productos más perecederos, deberán darse de baja del balance de la sociedad y registrar la pérdida definitiva.

Otro efecto negativo para las cuentas de resultados de las compañías será el deterioro de los créditos con terceros, y en consecuencia se incrementará el reconocimiento contable del gasto en concepto de provisión de insolvencias con clientes. Con la economía prácticamente cerrada, los niveles de producción y venta han caído a niveles casi de inactividad, provocando en las compañías una falta de liquidez que era imprevisible, a pesar de las medidas implantadas por las Administraciones Públicas para inyectar liquidez en el mercado, como facilitar financiación con los préstamos ICO, la capacidad de pago a proveedores de muchas empresas se ha visto mermada.

Por último, y no menos importante, esta pandemia ha tenido un gran impacto en las organizaciones de las compañías y por ende en su control interno. Si como auditores planteamos la estrategia de auditoría sin realizar una adecuada evaluación del control interno, y nos centramos únicamente en aspectos contables, la probabilidad de no identificar posibles riesgos de fraude o errores materiales en los estados financieros será elevada.

La Norma Internacional de Auditoria (NIA) – 315, define el control interno como: “el proceso diseñado, implementando y mantenido por los responsables del gobierno de la entidad, la dirección y otro personal, con la finalidad de proporcionar una seguridad razonable sobre la consecución de los objetivos de la entidad relativos a la fiabilidad de la información financiera, la eficacia y eficiencia de las operaciones, así como sobre el cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias aplicables. El término “controles” se refiere a cualquier aspecto relativo a uno o más componentes del control interno.”

La concurrencia de dos hechos que han sido denominador común en el 2020, los ERTES y el teletrabajo, han podido debilitar el sistema de control interno de las empresas, al haber tenido que modificar procesos mantenidos en el tiempo y que daban una seguridad a las transacciones de la compañía.

Muchas empresas han tenido que acudir a la reducción de personal, con la fórmula de los ERTES, con el objetivo de reducir costes para poder afrontar la caída de las ventas y poder amortiguar el impacto en su cuenta de resultados. Con un menor número de recursos, la capacidad de las compañías para realizar los controles internos en toda la cadena de producción, suministro o prestación de servicios, e incluso en los departamentos administrativos y financieros, se ha visto reducida. Esta disminución del número de controles incrementa directamente cualquier tipo de riesgo empresarial, en especial aquéllos como consecuencia de la omisión de algún hecho o circunstancia relevante.

Otra realidad que han tenido que vivir las empresas, ha sido el teletrabajo, sin margen de tiempo para poder adaptarse a esta nueva realidad, se han tenido que adoptar y modificar procedimientos ya implantados, en muchos casos, incorporando las nuevas tecnologías, y dejando atrás tareas manuales y “en papel”, pero que funcionaban y daban una seguridad razonable al proceso. Esto a medio plazo será sin duda beneficioso para las entidades, pero quizás a corto plazo, la implantación de estos cambios en los procedimientos, sin haber sido evaluados previamente respecto a su eficiencia y eficacia de las operaciones, pueden poner de manifiesto nuevos riesgos de fraude o errores materiales en los estados financieros.

Si nos fijamos en los cinco componentes que forman el sistema de control interno: ambiente de control, evaluación de riesgos, actividades de control, información y comunicación, y supervisión o monitoreo; es fácil deducir que los cambios organizativos expuestos anteriormente relacionados con los ERTES y el teletrabajo, tienen una repercusión directa en los mismos.

La revisión del sistema de control interno, debe ser una prioridad en las auditorías del ejercicio 2020, aunque sea una auditoría recurrente y ya conozcamos a nuestro cliente. No podemos fiarnos de lo histórico y la nueva realidad nos obliga como auditores a valorar de nuevo el entorno de control interno, revisando los procesos diseñados e implementados por los responsables de gobierno de la entidad, con la finalidad de proporcionar una seguridad razonable sobre la fiabilidad de la información financiera. De igual forma deberemos comunicar adecuadamente, a los responsables del gobierno y a la dirección, las deficiencias en el control interno que hayamos identificado durante la realización de la auditoría de los estados financieros, según se define en la Norma Internacional de Auditoria (NIA) – 265.

En resumen, auditar las cuentas anuales de 2020 afectará a todas las fases de la auditoria, desde la planificación, replanteando los riesgos de las compañías, hasta la elaboración del propio informe, siendo necesario en muchos casos aumentar el número de horas del trabajo, y requerirá más que nunca de una mayor implicación y colaboración con los órganos de gobierno de  la empresa auditada, así como de la aplicación del juicio profesional del auditor para la valoración de los riesgos.

Desde Legalnet creemos que el servicio de auditoría va más allá de la revisión de los estados financieros, ayudando a minimizar los riesgos y maximizando la fiabilidad del negocio de nuestros clientes.

Resolvemos tus dudas acerca de la Auditoría de Cuentas

Cuando se habla de las auditorías, es normal que aparezcan ciertas dudas, por ello, a continuación, vamos a resolver las preguntas más frecuentes acerca de la auditoría:

¿QUÉ ES UNA AUDITORÍA?

La auditoría consiste en una revisión de las cuentas anuales y estados financieros, por parte de un experto, cuyo objetivo es emitir un informe que garantice la fiabilidad de los documentos que ha revisado, para así poder acreditar ante terceros la veracidad y fiabilidad del contenido de los mismos.

Realmente la auditoría no tiene por finalidad la detección de fraudes societarios, su objetivo es reflejar la imagen fiel de la sociedad, siguiendo la normativa del Plan General Contable.

¿QUIÉN REALIZA LA AUDITORÍA?

El informe de auditoría se debe firmar por un experto independiente, que debe estar inscrito tanto en el Registro Oficial de Auditores de Cuentas, como en el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas.

Para acceder al Registro oficial de Auditores de Cuentas se deben superar unas pruebas teóricas y prácticas sobre contabilidad, economía y determinadas ramas del derecho, además de acreditar que se posee experiencia profesional de, al menos tres años, en un despacho de auditoría.

¿QUÉ TIPOS DE AUDITORÍA HAY?

La auditoría más común es la auditoría de cuentas anuales, que será obligatoria para aquellas sociedades que superen durante dos ejercicios consecutivos, al menos dos de las siguientes circunstancias:

  • Cifra de activo superior a 2.850.000 euros.
  • Cifra de negocios superior a 5.700.000 euros.
  • Número medio de trabajadores durante el ejercicio superior a 50.

Sin embargo, la auditoria de las cuentas anuales también puede realizarse de forma voluntaria, en aquellos casos en los que las empresas quieran hacerlo, en búsqueda de una total transparencia de cara a terceros, ya sean nuevos inversores, socios o incluso entidades bancarias.

Además, hay otro tipo de sociedades que tienen la obligación de auditar sus cuentas, como sucede con aquellas que emitan valores admitidos a negociación en mercados secundarios de valores, si la entidad se dedica a seguros privados o fondos de pensiones, incluso se puede incluir la obligación de auditar la sociedad en los estatutos de la misma.

¿CÓMO SE REALIZA LA AUDITORIA?

En primer lugar, se realiza la planificación, en la que se establecerá la estrategia que tendrá el proceso de auditoría. El objetivo de esta primera fase será lograr la mayor eficiencia posible.

En segundo lugar, se realiza la ejecución, que es la fase en la que el auditor realiza la auditoría siguiendo la planificación establecida en la primera fase. Además de la información inicialmente proporcionada por la sociedad, los auditores también pueden solicitar más información que consideren relevante.

Por último, se emite el informe con la valoración del auditor y el análisis de las cuentas anuales.

El auditor para lograr su objetivo, exigirá a la empresa y al personal de la misma que colabore activamente.

¿POR QUÉ SOLICITAR LA AUDITORÍA?

En cuanto a las ventajas de realizar una auditoría se destacan las siguientes:

  • La opinión de un experto independiente puede ayudar a conocer mejor el rendimiento y funcionamiento de la sociedad.
  • Con el informe de auditoría es más sencillo el proceso de toma de decisiones en la empresa, ya que se dispone de más información.
  • Las entidades financieras las suelen tener en cuenta a la hora de conceder préstamos o financiar determinados proyectos.
  • Ofrece más confianza en sus relaciones con clientes y empresas.
  • Disminuye significativamente el riesgo de sufrir problemas en el futuro por una mala contabilidad societaria.

 

Cuenta con un Risk Advisory en tu empresa y comienza a tomar mejores decisiones

En el ejercicio del asesoramiento y la supervisión juega un papel fundamental la figura del Risk Advisory. Las organizaciones que trabajan con un Risk Advisory cuentan con una ventaja competitiva frente a sus homólogas que es indudable, puesto que tratará de gestionar los riesgos asociados a la propia actividad del negocio. Un control exhaustivo de los sistemas, procesos y personas previene daños potenciales y construye relaciones más sólidas con los clientes, socios, inversores y otras partes interesadas.

RIESGOS DE SISTEMAS Y SEGURIDAD

Una de las áreas que más riesgos presenta en una empresa son las amenazas cibernéticas, ya que las organizaciones operan en un entorno global altamente interconectado.

Una auditoria en seguridad informática se asegurará de que los servidores, sistemas informáticos y datos personales y del propio negocio se encuentran a salvo, evitando así riesgos y sanciones que deriven en un futuro en daños económicos, reputacionales o regulatorios, entre otros.

Un sistema informático adecuado y eficiente presenta cuatro elementos clave del procesamiento: confidencialidad, integridad, disponibilidad y autentificación. Para alcanzar todos ellos, se prestan servicios de (i) revisión y diagnóstico del nivel de madurez de los procesos, (ii) gestión del dato y de los activos de software, (iii) planificación de objetivos de seguridad y diseño de estrategias, (iv) desarrollo de aplicaciones, (v) directrices de actuación y (vi) cumplimiento de estándares de seguridad nacionales e internacionales (ENS/ISO).

RIESGOS FINANCIEROS

Con la finalidad de alcanzar cierta estabilidad financiera y liquidez, las organizaciones pueden beneficiarse en gran medida de los servicios que brindan los Risk Advisory. Éstos elaboran manuales de procedimientos, políticas internas, informes de seguimiento y modelos de gestión para abordar los numerosos desafíos de la gestión de riesgos financieros.

Las áreas de trabajo que se ven más expuestas son:

  1. Área de gestión del riesgo empresarial, de liquidez, crediticio y operacional.

El Risk Advisory desarrolla labores de identificación, análisis, evaluación, prevención, estrategia, respuesta y seguimiento de las medidas correctivas.

  1. Área de tesorería y mercado de capitales.

Se prestan servicios de asesoramiento para la anticipación y adaptación a cambios en los modelos de negocio y necesidades de capital.

  1. Área de estructura financiera.

Se asiste en la gestión global del riesgo y la confección de acuerdos de financiación.

RIESGOS OPERACIONALES

En la carga operativa diaria, las empresas se relacionan con sus empleados, proveedores, clientes o la administración por lo que deviene fundamental crear comunicaciones confiables sobre el control interno y el propio desempeño del negocio para conseguir generar sinergias entre todos ellos.

En este sentido, se acompaña a las empresas en la revisión de las relaciones con terceros como los servicios subcontratados, a optimizar las cadenas de suministro, en la elaboración de informes de sostenibilidad, desarrollo de soluciones de gestión de la tecnología, análisis y valoración de los datos extraídos e impulso del desempeño comercial.

En definitiva, los Risk Advisory ayudan a comprender los riesgos del negocio a través de la supervisión, control y auditorías internas permitiendo así a los responsables de las organizaciones, la toma de decisiones de manera más informada e inteligente en aras de obtener el máximo retorno de las oportunidades que se presentan.