¿Cuál es el mejor mercado para cotizar?

Una de las decisiones más complejas en el panorama empresarial es tomar la decisión del mercado donde su empresa puede cotizar. Dentro de esa decisión, se enmarca un amplio proceso de toma de decisiones que gira entorno a las ventajas y desventajas de cada uno de los mercados siempre pensando en las necesidades globales de la empresa.

Para ello, hay que tener en cuenta el nivel de demanda para ofertas públicas que puede variar enormemente dependiendo de la fuerza del mercado, de las OPV, condiciones del sector en concreto o el momento por el que transcurre dicho mercado, entre otros factores.

Por otro lado, es preciso realizar una serie de ajustes en la empresa para adaptarse rápido y de forma eficaz a los cambios que puedan surgir, pues se debe tener en cuenta si un mercado alcista está en auge y salen oportunidades interesantes en el mercado o bien, existen mercados de retroceso donde se disminuye la existencia de OPVs.

La labor de adaptación de la empresa a los cambios en los mercados es esencial para el desarrollo de la misma, pues no es simple llevar a cabo una OPV, pudiendo llegar a prolongarse hasta el plazo de un año, pues en mercados activos la salida a bolsa puede ser determinante para los mercados y es una decisión que debe medirse adecuadamente.

Los principales mercados sobre los que elegir son varios:

  • Mercado Europeo
  • Mercado Estadounidense
  • Mercado Asiático
  • Mercado Latinoamericano

Realizar un análisis previo, medir bien el impacto de las OPV en un determinado mercado y tener adaptada nuestra empresa a un calendario de implantación puede ser fundamental para adaptar la estrategia empresarial con éxito y generar respuestas eficaces a las necesidades de los mercados.

Asesoría financiera en tu estrategia de creación de valor

El accionista es parte fundamental e indispensable de las empresas cotizadas, es por esto por lo que los equipos directivos deben encaminarse hacia la creación de valor a partir de las inversiones que se han llevado a cabo. Esto será posible a través de la elaboración de estrategias que generen un aumento del valor, tomando como referencia el momento en el que el rendimiento supere a la rentabilidad que exigen los inversores.

En este sentido, entra en juego la asesoría financiera, la cual consiste en evaluar las finanzas de una sociedad, su perfil de riesgo y sus necesidades para proyectar estrategias y recomendaciones sobre la inversión y obtención de recursos económicos de tal forma que se optimicen al máximo los recursos financieros de una compañía.

Como resultado de la llevanza de una asesoría financiera óptima, los accionistas podrán ver los frutos que surgen de sus inversiones a través del reparto de dividendos o del aumento del valor de las acciones que ya poseen. La decisión respecto a los beneficios será tomada por los directivos de la empresa los cuales decidirán en función de las estrategias planteadas, como utilizar el excedente conseguido teniendo como objetivo la creación de valor para el accionista.

El motor principal de estas estrategias es el conocimiento del sector o sectores en los que se opera, a través del cual podrán hacerse un análisis de los indicadores que tiene la empresa en relación con la industria para conocer cómo lograr ventajas competitivas.

Dichos análisis se llevan a cabo a través de indicadores tradicionales tal como el flujo de caja, la rentabilidad, o el valor de las acciones, aunque deberán tenerse en cuenta factores que en un principio no se contemplan como el riesgo o el coste de financiación.

Para solventar pequeñas visicitudes que pueden surgir con el uso de los parámetros tradicionales, la formula EVA (Valor Económico Añadido) consistente en el retorno del capital invertido menos el coste medio ponderado del capital, se utiliza para conocer de forma más exacta el dinero invertido en las empresas. A través de este resultado, se crea valor cuando la rentabilidad generada es mayor al coste de oportunidad que asumen los inversores.

Uno de los beneficios que ofrece la aplicación de esta fórmula es que puede aplicarse al conjunto de la empresa o a las distintas unidades de negocio que la componen a la vez que se tienen en cuenta los costes que supone la operación u operaciones para la propia compañía y la financiación de los accionistas.

De esta forma, a través de la asesoría financiera, se logra obtener resultados que posicionen a la compañía en un lugar estratégico para su crecimiento y aumento de la competitividad, sin olvidar la creación de valor para los accionistas que han confiado con su inversión.

¿Cómo crear valor para el accionista?

Uno de los principales objetivos que debe plantearse cualquier empresa es la creación de valor, con la que se pretende ir más allá de la mera obtención de beneficios. Lo importante no es solo que los ingresos sean superiores a los gastos, sino que la entidad se diferencie en el mercado, de forma que le permita un crecimiento sostenible en el tiempo.

¿Cómo puede crecer una compañía? A través de la inversión en I+D+i o en tecnología, adaptarse a las exigencias del mercado, mantenerse actualizado sobre las novedades del sector, detectar y aprovechar nichos de mercado, prever y adelantarse a los competidores, garantizar la calidad del producto o servicio, o asegurar la fidelidad del cliente son distintas formas de mejorar la oferta de la empresa e ir diferenciándose respecto a los competidores.

Otra forma de creación de valor es a través de la rentabilidad que obtienen los accionistas e inversores, existiendo creación de valor si los accionistas obtienen una rentabilidad superior a lo invertido. En otras palabras, se crea valor cuando los rendimientos que se obtienen por el capital invertido superan el coste que ha supuesto la acción.

Para los accionistas resulta fundamental no solo haber recuperado el valor invertido, sino que los beneficios obtenidos superen sus expectativas. Con ello aumenta su confianza y satisfacción con la empresa.

Por tanto, los directivos de las empresas deben incluir entre sus objetivos la creación de valor para los accionistas, por lo que sus estrategias empresariales deben estar orientadas a alcanzar un crecimiento duradero y sostenible en el tiempo.

Con ello, la compañía va creciendo y consolidando su posicionamiento en el mercado. Ello no solo aumenta el valor de la acción, sino también proporciona beneficios al accionista. Esto a su vez genera confianza y satisfacción en el accionista, quien decide invertir más en la empresa, además de resultar atractivo para terceros inversores. Habrá más inversión y la empresa podrá seguir generando valor.

Las conclusiones del informe Due Diligence

El profesional encargado de llevar a cabo la due diligence, deberá plasmar en un informe final todo aquello que realmente haya comprobado a través del análisis de todos los documentos solicitados a la empresa auditada. De tal manera que, se trata de un paso previo a cualquier operación de adquisición, absorción o fusión de empresas que, de forma resumida pero extensa y yendo al detalle, se unan todos estos documentos a efectos de ofrecer una perspectiva global y conjunta de cómo funciona la empresa, en qué estado se encuentra y hacia donde se dirige.

En función de las distintas áreas de trabajo que se diseñen por el profesional al inicio del servicio, el informe de due diligence habrá de estructurarse de una manera u otra. En cada área de trabajo debe dejarse constancia de la información recibida y contrastada y de la opinión profesional que conlleva esa información. Por ello, conviene destacar la contingencia que exista, así como las consecuencias jurídicas y la cuantificación del riesgo que implica, así como las actuaciones necesarias para regularizar la situación en aras de una posible actuación inspectora futura.

Con todo ello, la due diligence debe ser un instrumento útil para la empresa solicitante, ya que supone una herramienta clave para contemplar la situación jurídica en que se encuentra. De ahí la importancia de la contratación de un profesional experto en la materia, que refleje de manera clara e inequívoca las contingencias existentes, así como las consecuencias jurídicas que de ellas se derivan que puedan afectar a la viabilidad de la empresa o bien al precio y a las garantías de la operación societaria.

Es necesario hacer hincapié en el hecho de que la realización de un informe de due diligence no viene determinado por imperativo legal, no obstante, siempre será positivo tener uno actualizado para poder disponer de él cuando sea necesario.

La finalidad de la Due Diligence

La decisión de una empresa de someter a su compañía a un proceso de Due Diligence puede deberse a diversos y variados fines. La realización de una auditoría legal otorga ventajas no solo a la propia entidad, sino también de cara a los stakeholders, ya que la Due Diligence resulta fundamental para cualquier inversión a gran escala, así como en cualquier proceso de reestructuración de la empresa, fusión o adquisición. En las siguientes líneas analizaremos las distintas finalidades por las que se realiza esta diligencia debida.

  • A nivel interno:

El sometimiento de la empresa a una Due Diligence no tiene por qué deberse siempre a la necesidad de realizarlo por el interés de un tercer inversor o comprador en la compañía. Desde la dirección de la propia entidad se puede determinar la conveniencia de analizar de manera pormenorizada los puntos fuertes y débiles de la misma.

Ello permite conocer en profundidad la propia empresa, ya que a través de la Due Diligence se obtiene una visión mucho más amplia, lo que ayuda a identificar las áreas de mejora y destacar su ventaja competitiva, implicando una mayor predicción sobre la evolución de la compañía y una mejor toma de decisiones.

Igualmente, a través de esta auditoría se comprueba la existencia o no de posibles vicios o defectos legales, lo cual permite subsanarlos de forma rápida ante la posibilidad de surgir en el futuro cualquier tipo de responsabilidad.

  • A nivel externo:

La Due Diligence aumenta el valor de la compañía, pues permite cuantificar de forma objetiva el valor del éxito actual. Con ello, el tercer inversor o comprador podrá hacer una mejor previsión sobre las oportunidades de negocio que le reportará la adquisición de la misma.

La objetivación de la empresa disminuye los riesgos a la hora de realizar una fusión o adquisición, ya que permite conocer los factores asociados a la misma. Ello aumenta la confianza del tercer inversor o comprador, ya que, aunque no pueda eliminar la incertidumbre, le permite tomar una decisión meditada y no precipitada en el tiempo, conociendo de forma previa el entramado de la empresa.

Así, al disminuir la percepción subjetiva del tercer inversor o comprador, éste podrá determinar la conveniencia o no de invertir o comprar una empresa basándose en datos concretos.

En definitiva, el sometimiento a una Due Diligence permite tanto a la propia compañía como a terceros adquirentes tomar decisiones de forma informada y objetiva.

El método a aplicar en toda Due Diligence

A la hora de realizar cualquier Due Diligence resulta fundamental tener una clara y definida metodología de trabajo mediante la que se garantice una revisión completa de la empresa de la forma más diligente posible. El encargado de la auditoría tratará de tener en cuenta todos los aspectos de la sociedad mercantil, analizando cualquier factor que pueda influir en ella.

El método habitual que se emplea en la elaboración de una Due Diligence es el siguiente:

  1. Cronograma y método de trabajo

El primer paso a seguir consiste en informar a la empresa sobre las distintas fases de las que constará el proceso, definiendo las funciones a realizar y estableciendo unos plazos de entrega. Asimismo, se designarán los locutores de cada una de las partes para el intercambio de información.

  1. Recopilación de información

Una vez definido el método a seguir, comienza el intercambio de la información. Se solicitará a la empresa una lista de documentos que reflejen la situación de la compañía. En este sentido, es muy recomendable contar con una checklist en la que ir reflejando los documentos intercambiados.

En ocasiones resulta complicada esta tarea al encontrarse las empresas con cierto escepticismo a proporcionar determinado tipo de información. Es por ello que, en el momento en que una compañía decida someterse a un procedimiento de diligencia debida, sea consciente de que deberá facilitar al personal encargado de la auditoría material sensible.

Una de las formas de salvaguardar la confidencialidad de la información de la empresa es a través de lo que se conoce como data room. Se trata de un lugar designado por la compañía en el que se pondrá a disposición al equipo encargado de realizar la Due Diligence toda la información, en el que únicamente pueden acceder personas autorizadas, durante un determinado periodo de tiempo y sin la posibilidad de obtener copias de los documentos.

  1. Intercambio de información con los responsables de área

Además de la información contenida en los soportes físicos de la empresa, para completar la Due Diligence será necesario mantener entrevistas personales con los responsables de cada uno de los Departamentos. Al conocer al detalle la empresa en la que se encuentran se podrá ampliar la información, dando lugar a una mayor precisión de la Due Diligence.

  1. Análisis y estudio de la documentación

Se trata del momento más importante, en el que se analiza en profundidad toda la información facilitada por la empresa, obteniendo así las principales conclusiones y dando lugar con ello a la Due Diligence.